La guerra contra el exceso de grasa corporal no cesa y dentro de ese contexto cada día tenemos nuevas teorías y descubrimientos.
Mucho se ha hablado y escrito acerca de la influencia, tanto positiva como negativa, de los ácidos grasos sobre el funcionamiento metabólico y en la composición corporal.
Pero no parece que todavía se haya dicho la última palabra al respecto.
Cuando se trata de dietas y sobre todo de cualquier cosa que afecte a la composición corporal, la mayoría de la gente muestra un comportamiento compulsivo y hasta extremista. Sigue ciegamente la moda en cuestión de regímenes alimenticios como un péndulo, yéndose de un extremo al otro y cometiendo importantes errores debido a la falta de información fiable.
Inicialmente, cuando el sobrepeso comenzó a ser un problema extendido, durante varias décadas la comunidad médica culpó a los alimentos con un fuerte contenido graso y se divulgaron numerosas dietas y regímenes alimenticios coincidentes todos en la erradicación del menú de los alimentos que incluyesen grasa. En su lugar se recomendó que la dieta estuviese constituida por fuentes alimenticias exentas de grasas y ricas en hidratos de carbono.
El problema lejos de solucionarse fue a peor y a pesar de que la población preocupada por reducir su sobrepeso erradicaba la grasa de su dieta, ésta seguía engordando.
Entonces apareció la antitesis de la dieta baja en grasa, cuando el doctor Atkins propuso reducir los hidratos de carbono de la dieta y remplazarlos por alimentos ricos en proteínas y grasa. El éxito de este tipo de dieta funcionó para muchos, pero no superó tampoco la prueba del tiempo.
Está claro que los extremos nunca son buenos y en la forma de alimentarse tampoco, porque los enfoques extremistas olvidan las claves básicas de la química orgánica.
No es una simple cuestión de calorías
Siempre se ha dicho que una caloría es una caloría y que la grasa no es más que grasa y los cardiólogos se han esforzado por convencernos a todos de semejantes afirmaciones, que por otro lado parecen más que sensatas. Sin embargo, son falsas.
Por ejemplo, la primera recomendación para bajar de peso es reducir el consumo de alimentos densos en calorías, porque se da por sentado que al ingerir menos el cuerpo se verá forzado a degradar el tejido adiposo.
De los tres macronutrientes, grasas, hidratos de carbono o proteínas, los que proporcionan más calorías son las grasas, que contienen nueve por cada gramo, mientras que tanto los carbohidratos como las proteínas sólo proporcionan cuatro calorías. Y aunque es cierto que alguien que consuma 500 gramos de un alimento graso, ganará más peso por su aporte calórico (500x9= 4500) que si esa ración es de hidratos de carbono (500x4= 2000), no obstante, la gente no se alimenta basándose en el volumen total de alimento, aparte que los alimentos grasos son tan saciantes que es muy difícil consumir la misma cantidad que de los azúcares, por ejemplo.
Con la dieta baja en hidratos de carbono y alta en grasa se produce un efecto rápido de pérdida de peso debido a la eliminación del agua que se retiene junto con los hidratos de carbono para formar el glucógeno, un efecto metabólico producido por la insulina.
Por tanto, químicamente hablando una caloría no equivale a otra caloría en cuanto a la composición corporal, porque sus efectos metabólicos son muy dispares. Se ha demostrado sobradamente que debido a las reacciones metabólicas, es posible ingerir menos calorías y acumular tejido adiposo, así como consumir más y reducir al mismo tiempo el coeficiente graso, porque no es el total calórico lo que más importancia tiene, sino la actividad que llevan a cabo en el cuerpo.
No todas las grasas son iguales
Hasta ahora se ha podido demostrar que la grasa de la dieta no es la única culpable de los problemas coronarios y de la pandemia del sobrepeso, porque hay grasas y grasas.
En realidad la palabra grasa es un término muy poco específico para referirse a un grupo muy extenso de sustancias químicas que están formadas por una cadena de moléculas de carbono, acabada en un terminal ácido (ácido graso). Ese final ácido es como si fuese una punta de velcro químico al que se pueden unir otros átomos, como un grupo de alcohol en la molécula de glicerol, al que puede añadirse dos otros ácidos grasos para formar lo que se conoce como triglicérido. Para que la grasa se consuma como fuente de caloría es necesario que el ácido graso se separe de la molécula de glicerol, por medio de unas enzimas que la degradan en una serie compleja de reacciones dentro de la mitocondria. La grasa es una fuente muy eficiente de energía, que es la razón por la cual proporciona muchas más calorías que los hidratos de carbono o las proteínas.
Sin embargo, no todas las grasas son iguales ni en su composición química ni en sus acciones y funciones en el organismo. Los científicos han descubierto un gran número de formaciones de ácidos grasos y mientras que unas han logrado bastante fama, otras son casi totales desconocidos.
Entre lo que hoy por hoy es popular, se sabe que hay grasas saturadas que son las dañinas para la salud y las insaturadas, científicamente conocidas como los ácidos grasos esenciales, que son empleados en el cuerpo para crear moléculas que actúan como hormonas y que han de ser consumidas diariamente en la dieta, puesto que el organismo no puede fabricarlos por sí mismo, por eso se les llama esenciales. Entre esos ácidos grasos esenciales se incluyen el ácido linolénico y el linoleico, aunque algunos también incluyen el oleico puesto que el cuerpo sólo puede sintetizar muy pequeñas cantidades de éste por sí mismo, así que será deficiente en ácido oleico si no consigue suficientes cantidades de los otros dos.
Estos tres ácidos grasos pertenecen a las categorías de los omega 3, omega 6 y omega 9 respectivamente. La definición omega se refiere al primer doble enlace, es decir una unión entre dos átomos de carbono, en la cadena de ácidos grasos, contando desde el extremo opuesto de la cadena ácida.
El ácido linolénico es la grasa dietética que se encuentra en los aceites de semillas vegetales, así como en los frutos secos. Las funciones de este ácido graso omega 3 son múltiples y muy importantes, puesto que van desde su incorporación a las membranas celulares, así como se puede convertir en otros ácidos grasos o usado en producción de hormonas, eicosanoides. Este ácido se convierte en parte en EPA y en DHA, que son los omega 3 presentes en los pescados.
Los omega 6 se encuentran en abundancia en los aceites vegetales y en muchas otras fuentes alimenticias, por eso es bastante difícil sufrir deficiencias de él, por el contrario es más probable tener un desequilibrio entre omega 3 y 6, a favor de este último.
Ya hace años que los investigadores han podido comprobar que mientras las grasas saturadas, las que son sólidas a temperatura ambiente, como las animales, contribuyen a formar la placa en las arterias y a aumentar el tejido graso subcutáneo, las grasas insaturadas parecían tener el efecto contrario, es decir emulsionaban la grasa de la sangre y aceleraban la eliminación del tejido graso, al parecer por algún mecanismo desconocido.
El efecto térmico para eliminar la grasa corporal
Ya hace tiempo que se hicieron diversos estudios para conocer qué tipo de ácidos grasos esenciales era más proclive a convertirse en grasa corporal y cuál a acelerar su combustión. Lo cierto es que examinando los estudios llevados a cabo con animales y con humanos las interpretaciones son algo confusas, pero por fortuna existe un creciente número de estudios in vivo con humanos.
Por ejemplo, uno recientemente efectuado en Canadá comparó los efectos metabólicos sobre la combustión de la grasa de los tres tipos de ácidos grasos esenciales, los omega 3, 6 y 9.
Los sujetos de la prueba eran hombres jóvenes y saludables, pero no atletas de elite, tampoco presentaban exceso de peso ni anormalidades metabólicas o problemas médicos.
Antes de comenzar las pruebas estos individuos habían ayunado durante 16 horas y habían estado en reposo total, entonces se les medían todos los parámetros metabólicos y se anotaban concienzudamente para que los investigadores pudiesen registrar los posibles cambios en la temperatura, el ritmo metabólico y el grado de oxidación de la grasa y los hidratos de carbono, después de la administración del desayuno. Todos los individuos fueron sometidos a tres tipos de dieta durante una semana cada una. De hecho el desayuno de los tres grupos era igual en su composición, aportando 60% de grasa, 30% de hidratos de carbono y 10% de proteína y totalizando un 30% del aporte total calórico de mantenimiento diario de los sujetos.
La diferencia estribaba en los tres tipos de aceites que cada uno de los tres tipos de desayuno incluía. En uno se incluyó aceite de oliva, que contiene un 71,3% de ácido oleico (omega 9), en otro se usó el aceite de girasol, que incluye un 69,7% de ácido linoleico (omega 6) y en el tercero se empleó aceite de semillas de lino, que contiene 58,8% de ácido linolénico (omega 3). Estos aceites se escogieron por sus elevadas concentraciones en las diferentes fuentes de ácidos grasos esenciales y aplicados de forma aleatoria.
Los sujetos fueron mantenidos bajo observación y en reposo absoluto mientras se registraban todos los parámetros metabólicos. Tras el análisis de toda la información recogida se pudo constatar que mientras que la combustión total de grasa para obtener calorías lo era en la misma proporción entre hidratos de carbono y grasas, con el consumo de cualquiera de los ácidos grasos esenciales, sí había una diferencia pronunciada en el ritmo total de calorías consumidas a lo largo del día a favor del aceite de oliva.
Esto se explica porque el efecto térmico del aceite de oliva es mucho mayor, ya que con su consumo se aumentan las proteínas desacopladas, que son las que provocan que las calorías se empleen como fuente de calor en lugar de servir como combustible celular o ATP. Pero lo verdaderamente interesante no es que el aceite de oliva se queme y que su aportación calórica no se transforme en grasa, sino que produce una elevación en el ritmo metabólico que acelera la degradación del tejido adiposo almacenado, demostrando que el aceite de oliva no sólo no engorda, sino que en realidad ayuda a librarse del tejido adiposo.
Es importante subrayar que otros estudios anteriores ya habían demostrado que la inclusión de aceites de pescado, es decir omega 3, EPA y DHA, acelera el metabolismo y la degradación del tejido adiposo, pero a más largo plazo que los resultados constatados con el ácido oleico.
Esa es la verdadera clave para mantenerse definidos y sin grasa, lograr que el metabolismo queme las grasas como fuente de calor, incluso sin necesidad de hacer actividad física, porque así el cuerpo la va eliminando las 24 horas del día.
El ejercicio físico como medio de activar el metabolismo y aumentar los efectos lipolíticos
Como habéis tenido ocasión de ver, esos estudios están efectuados con personas inactivas, no con atletas y aunque se ha demostrado que las grasas saludables, o sea las esenciales, no influyen en el aumento del coeficiente graso, sino en realidad todo lo contrario, podemos fácilmente especular que esos resultados serán mucho más importantes si se aplicase ese protocolo en atletas altamente entrenados y con una masa muscular importante, puesto que el músculo, ya de por sí, tiene la particularidad de elevar el ritmo metabólico al ser un tejido muy activo que consume bastantes calorías incluso en estado de reposo.
Por tanto, si buscáis conseguir la máxima definición muscular, reduciendo la grasa subcutánea para que los músculos se vean en todo su esplendor, os recomiendo entrenar con dureza y con el suficiente peso para incentivar el aumento de la masa muscular, puesto que cuanta más masa tengáis, más activo será vuestro metabolismo y más fácil os será manteneros definidos.
Asimismo, si sois habituales al gimnasio puede que ya sepáis que la actividad aeróbica también acelera el ritmo metabólico y posee el doble efecto de derivar su energía para permitir dicha actividad, aparte del efecto que produce la elevación del ritmo metabólico durante todo el día.
Por consiguiente realizad ejercicio aeróbico con el estómago vacío, de preferencia por las mañanas o después de la sesión de pesas.
Una herramienta científicamente desarrollada para activar los procesos de degradación de la grasa corporal
Un grupo de investigadores, Future Concepts, ha desarrollado científicamente un preparado que activa el metabolismo, de forma que sirve tanto para eliminar la adiposidad, como para acentuar las ganancias musculares.
Cuando el metabolismo es activo, se utilizan mejor las calorías que consumimos, también se acelera la combustión de los depósitos grasos existentes, al tiempo que se minimiza la posibilidad de generar nuevos incrementos de adiposidad.
La singularidad de este preparado, el ergocéutico TH 101, es que actúa en cuatro frentes distintos, pero relacionados entre sí.
Por ejemplo, en una primera acción activa la tiroides y el funcionamiento del metabolismo, en un segundo efecto aumenta la termogénesis, proceso por el cual el cuerpo quema más calorías para producir calor corporal las 24 horas del día, incluso en estado de reposo, su tercera actuación es incrementar la utilización prioritaria de las grasas como combustible energético, evitando así la nueva acumulación de tejido adiposo y como cuarta acción destacada hay que resaltar que varios ingredientes se combinan para preservar la masa muscular e incluso fomentar la síntesis de nuevos tejidos.
Estas cuatro acciones metabólicas son de gran importancia, porque permiten ir gradualmente deshaciéndose de las grasas e incrementando la masa muscular al mismo tiempo.
Por ejemplo, la primera acción del TH 101 es suministrar al cuerpo los elementos que éste precisa para la formación de las hormonas tiroideas. Por supuesto que no hablamos de una aportación química de hormonas ni de ninguna otra sustancia sintética, sino simplemente de facilitarle aquellas materias primas naturales que han de estar presentes para que la glándula tiroides efectúe la síntesis hormonal. Básicamente el TH 101 proporciona el aminoácido L-tirosina que constituye la materia prima de la que luego se forma la hormona tiroidea, la tiroxina, pero también hace una importante aportación en yodo, que es el segundo elemento esencial para que la tiroides funcione correctamente. Sin este mineral el cuerpo no puede fabricar hormonas tiroides, tenga o no la materia prima para ello. En este mismo sentido el cobre lisinato es otro compuesto esencial, porque toma parte en la formación de varias coenzimas necesarias para diversos procesos químicos y entre éstos la síntesis de tiroides, por eso es otro compuesto que entra aquí en acción.
Por consiguiente, con la aportación de esos tres ingredientes el TH 101 proporciona a la glándula tiroides las sustancias que ésta necesita para funcionar correctamente, entre cuyas acciones se encuentran la utilización de la grasa para producir energía y la de las calorías para generar tejido muscular.
Como hemos visto en los estudios con ácidos grasos omega 9, el efecto térmico es el responsable de que las calorías ingeridas se empleen para producir calor corporal, en lugar de acumularse como tejido adiposo, aparte de que eleva la combustión de calorías incluso en estado de reposo.
Así es, la termogénesis es un proceso natural por el cual el metabolismo emplea las calorías para generar temperatura corporal, de manera que el simple hecho de elevar esa temperatura unas décimas significa muchas calorías adicionales gastadas al cabo de las 24 horas del día, puesto que incluso estando en reposo o durmiendo, el gasto calórico es más elevado.
El TH 101 incorpora varios substratos botánicos que actúan elevando la termogénesis o producción de calor. Eso significa que aunque no hicierais ejercicio ni dieta, con el simple aumento del gasto calórico para producir temperatura corporal, se irían eliminando paulatinamente los depósitos de grasa.
Pero el TH 101 produce otro efecto metabólico de gran relevancia en la composición corporal. Se sabe que el cuerpo puede usar indistintamente la grasa o los carbohidratos para producir energía; es más, ante la ausencia de unos u otros puede también llegar a utilizar hasta las proteínas. Y aunque prioritariamente se inclina por los hidratos de carbono porque son más fáciles de quemar, cuando necesita producir energía y no dispone de carbohidratos entonces tira de la grasa, por consiguiente una reducción de hidratos de carbono en la dieta, especialmente los feculentos, es siempre aconsejable para reducir la adiposidad.
El proceso por el cual el cuerpo se decanta por la grasa como combustible principal para producir energía se conoce como lipólisis.
Para activar esa función el TH 101 dispone de varios ingredientes que actúan en sinergia y estimulan la liberación de los ácidos grasos del tejido de reserva para que sean empleados con prioridad en las mitocondrias como fuente energética.
Con estas acciones metabólicas se puede modificar la composición corporal, reduciendo notablemente el coeficiente graso sin que mengue el magro. Pero hay más.
Otra acción muy interesante del TH 101 es que evita la formación del tejido adiposo como consecuencia de los posibles excedentes procedentes de los carbohidratos.
Aunque los hidratos de carbono no son químicamente grasa, sí se ha demostrado que cuando se ingieren y no son quemados para producir energía, acaban fácilmente convertidos en el hígado en triglicéridos de reserva, o sea en grasa corporal, por mediación de la acción de la insulina y gracias a la acción de la enzima citrato liasa. Para evitar ese proceso Future Concepts ha incorporado un ingrediente muy particular al TH 101, el ácido hidroxicítrico, que evita esa conversión, de manera que si los músculos no queman los hidratos de carbono como combustible, entonces o bien se almacenarán como glucógeno o se eliminarán, impidiendo así que se conviertan en nuevo tejido adiposo.
Aparte de estas acciones que acabamos de ver, el ergocéutico TH 101 también posee cierta actividad diurética y ayuda a eliminar el exceso de líquido retenido bajo la piel, así como también evita la curva alta de insulina que suele acarrear problemas de picos de hambre, de bajones de energía y de más generación de grasa corporal.
Pero el TH 101 contiene un ingrediente muy especial que en diversos estudios ha puesto de manifiesto que además de acelerar la eliminación de la grasa, aumenta la síntesis muscular. La clave de esta sustancia es que activa el monofosfato ciclíco de adenosina (cAMP) en las células, se trata de un segundo mensajero celular, con lo que además de elevar el ritmo metabólico y acelerar la combustión de los triglicéridos, fomenta también la síntesis de proteínas al nivel celular, lo cual significa más masa muscular. Y por si fuera poco, ese mismo ingrediente ha demostrado en varios estudios recientes que aumenta la circulación de testosterona libre.
En otras palabras, que desune la hormona que ya circula normalmente y que en buena parte suele hacerlo unida a una proteína sanguínea, volviéndola inerte, porque sólo la hormona libre es activa y anabólica, mientras que la que viaja unida a la proteína es inactiva porque al tener esa proteína pegada, se convierte en una molécula demasiado grande para encajar en los receptores anabólicos del músculo.
Por tanto, gracias al TH 101 el cuerpo sacará mayor provecho anabólico a su propia producción hormonal.
En resumen, que los doce ingredientes que componen la fórmula del TH 101 bloquean por diferentes medios la formación de grasa, además de activar la eliminación de la ya existente y favorecer la preservación e incluso el incremento de la masa muscular limpia.
¿Quién teme a las grasas?
Por tanto, una vez que tenemos la información suficiente, no sólo no hay que temer a las grasas, porque algunas son en realidad necesarias y esenciales para el buen funcionamiento del organismo, sino que además favorecen también la activación del metabolismo y la eliminación del acopio de grasa.
Por lo que los investigadores han descubierto, en vuestra alimentación deben primar los ácidos grasos omega 3 y 9, con una menor proporción de los omega 6.
Reducid las grasas nocivas de la alimentación, como son las saturadas y en formación trans, es decir las de origen animal y las refinadas como las que se encuentran en la comida rápida, productos de bollería y pastelería y productos industriales refinados.
Y suplidlas por las mejores grasas antigrasa.
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