ARTÍCULOS DE NUTRICIÓN
Eliminar grasa corporal con ayuda de los ácidos grasos
Por Jim Taylor
Lo creáis o no, los atletas constituyen un grupo de personas que sirve como banco de pruebas para probar técnicas y sustancias que puedan luego servir para otros grupos de población.
Asimismo, muchas de las sustancias experimentadas con enfermos, encuentran luego aplicación en deportistas.
Y el caso más patente es la eliminación de la grasa, un problema que atañe e interesa por igual a deportistas y gente común.
Cada día hay muchos expertos que trabajan e investigan nuevas formas de erradicar el exceso de grasa corporal. En algunos casos se utilizan a los atletas como cobayas para luego extrapolar sus aplicaciones a la población general.
He aquí una nueva y eficaz forma de conseguirlo.    

La obesidad está adquiriendo matices de epidemia en algunos países avanzados y los gastos sanitarios que provoca, así como las enfermedades que se derivan de esta patología, crecen de forma muy considerable.
Son muchos los que investigan en el mismo sentido, aunque tengan objetivos distintos. Por eso, cualquier cosa que demuestre su efectividad para eliminar la grasa corporal siempre será bienvenida.
Cuando en teoría adelgazar es algo tan sencillo, a pesar de los inmensos recursos con que cuentan las empresas farmacéuticas, todavía no existe un fármaco definitivo que sea efectivo y no provoque efectos secundarios. Algunos de los medicamentos para tal efecto se han tenido que retirar de la circulación por sus efectos negativos y todavía se está a la espera de que surja el definitivo.
Mientras tanto se buscan otros agentes de libre venta, sin receta médica, con los que configurar fórmulas que resulten eficaces para todos y no presenten problemas de salud.
La población general se está volviendo más sedentaria y además de no hacer ejercicio se alimenta cada vez peor, puesto que su dieta es excesivamente rica en calorías y en azúcares.
La acumulación de tejido adiposo es un proceso complejo, por eso hay que abordarlo desde diferentes frentes.
Dos son no obstante los ejes que controlan la composición corporal: el ejercicio y la dieta. Del primero hablaremos más adelante, pero la alimentación constituye la clave para lograr transformar el cuerpo, el problema proviene de que la mayor parte de la población prefiere comer de cualquier forma y buscar luego la píldora mágica que le quite el exceso de peso.
Definitivamente es posible evitar la acumulación de grasa si se sigue la dieta adecuada.

En busca de la píldora mágica
Esa búsqueda hasta ahora no ha resultado eficaz, puesto que el remedio en ocasiones ha sido peor que la enfermedad.
Algunas terapias con medicamentos aunque efectivas presentaban altos riesgos y muchos efectos secundarios. Por ejemplo, el Dinitrofenol, un fármaco usado a mediados del siglo pasado era eficaz pero ocasionaba cataratas en muchos usuarios y, supuestamente, se le atribuyen incluso algunas muertes. También se emplearon las anfetaminas durante un tiempo para controlar el apetito y quemar grasa, pero también presentaban numerosos efectos secundarios, además de su potencial adictivo.
Otros medicamentos adelgazantes han aparecido, pero hasta ahora ninguno sin efectos secundarios, por eso todos necesitan prescripción facultativa y no pocos después de un tiempo se han retirado del mercado debido a los problemas de salud derivados.    
Debido a ello, las autoridades sanitarias ponen el acento en educar a la población sobre los hábitos alimenticios para atacar al problema desde su raíz.

Las dietas de moda
Como no podía esperarse otra cosa, las dietas para perder peso florecen con la misma facilidad que la gente acumula los kilos. Las hay para todos los gustos y de todas las procedencias, desde médicos reputados hasta las estrellas del mundo del espectáculo.
Sin embargo, la característica general es que los resultados son efímeros y al final se vuelve a ganar el peso perdido, y en general con réditos.
Durante décadas las dietas preconizadas desde todos los estamentos, en especial los oficiales del mundo sanitario y científico, abogaban por las que recomendaban poca grasa y calorías, porque después de todo cuando se busca perder grasa, lo lógico es eliminarla de la dieta.
A pesar de las muchas alternativas ninguna se ha considerado la definitiva y aunque han sido millones los que las han seguido, el problema no ha hecho sino crecer, porque ganaban más peso todavía. Es curioso, pero los regímenes exentos de grasa hacían engordar para sorpresa de sus seguidores.
Llegados a un punto aparecieron las dietas altas en grasa y bajas en carbohidratos y casi por arte de magia la gente perdía peso comiendo alimentos altos en grasa. Pero éstas también presentaban problemas, primero de orden de continuidad, puesto que no eran cómodas ni recomendables a largo plazo, por otro lado levantaron una enorme polémica acerca de su seguridad, puesto que los altos niveles de grasa y colesterol suponían un riesgo no despreciable de padecer enfermedades coronarias y cardiovasculares.
Además, cuando se abandona la dieta se vuelve a ganar el peso perdido con creces.
Después de todo la confusión sigue reinando, puesto que parece ser que ninguna dieta funciona a largo plazo de forma segura.

¿Por qué fallan todas las dietas?
Si nos detenemos a examinar cómo funciona la química de nuestro cuerpo durante el procesamiento de los alimentos y cómo éstos actúan y afectan al organismo, será fácil descubrir por qué fallan las dietas de adelgazamiento.
Cuando hablamos de eliminar la grasa parece lógico que la primera regla sea eliminarla de la alimentación, principalmente por dos razones, porque cada gramo de grasa proporciona nueve calorías, mientras que la misma cantidad de carbohidratos o proteínas sólo cuatro, así que la grasa aporta un 225% más de calorías que los otros nutrientes. Además, se supone que la grasa no se suele utilizar para producir energía y el cuerpo tiene una afinidad química para convertirla en tejido adiposo.
No obstante, lo que no se tiene en consideración es que los hidratos de carbono, que una vez digeridos se convierten en azúcar, o glucosa, estimulan la producción de la hormona insulina y que la función de ésta es transportar esa glucosa sanguínea a los músculos para que sea usada como energía o almacenada en forma de glucógeno. Sin embargo, toda glucosa que no sea gastada inmediatamente como combustible energético o no se almacene como glucógeno, y el cuerpo tiene una capacidad limitada para hacerlo, se transformará de forma automática en grasa corporal.
Así nos encontramos con personas que no prueban una gota de grasa y se engordan, sencillamente porque comen demasiados hidratos de carbono.
En el otro extremo, las dietas bajas en carbohidratos y altas en grasa funcionan al principio, pero también dejan de hacerlo al cabo de un tiempo.
Inicialmente son eficaces precisamente por eliminar los hidratos de carbono, que constituyen la fuente principal de energía del organismo, y al faltar la glucosa el cuerpo ha de buscar una fuente alternativa de energía y recurre al tejido adiposo del que obtiene las cetonas al degradarlo. Básicamente con este tipo de alimentación se minimiza la producción de insulina y se eleva la de glucagón, una hormona que fomenta la utilización de los ácidos grasos.
El problema proviene principalmente de que las grasas del menú provienen de los alimentos con un alto contenido en proteínas pero también en grasa, como las carnes, los huevos, mantequillas o los productos lácteos, que son en gran parte saturadas, y puesto que es muy difícil de mantenerse sin comer hidratos de carbono, en cuento los prueban las reservas de adiposidad se exacerban.    

No todas las grasas son iguales       
En buena parte las dietas bajas en hidratos de carbono han contribuido a reducir el estigma que desde siempre había pesado sobre las grasas. Ahora por vez primera la gente ha comprobado que es posible comer una cierta cantidad de grasa sin engordar, aunque el enfoque no es el correcto.
Sin embargo, la ciencia acerca de la grasa no deja de proporcionar información de las diferencias existentes en las que conforman el menú. El doctor Mauro Di Pasquale ha sido un pionero en trabajos acerca de las dietas altas en grasa y ha llegado a profundizar más en las diferencias entre los distintos tipos de grasa, algo que no hizo la dieta Atkins o la de La Zona, que también proponían elevados niveles de alimentos grasos. Pero sin duda quien más ha aportado al estudio de las diferencias acciones de las grasas comestibles es Udo Erasmus con su libro Grasas que Curan, Grasas que Matan1 (Fats that Heal, fats that Kill).
Ahí fue cuando empezamos a oír hablar de las grasas en trans y en cis y como las margarinas son más perjudiciales para la salud que la mantequilla por su alto contenido en grasas en trans, que proviene de la hidrogenación de los ácidos grasos.
Básicamente, las grasas se deben considerar en dos tipos, las saturadas y las insaturadas, las primeras son aquellas en las que todas las moléculas de carbono están saturadas de hidrógeno, mientras que las segundas presentan lo que se conoce como dobles enlaces, es decir moléculas libres de hidrógeno, y es precisamente en función de esa diferencia química que los científicos han descubierto que actúan de modo distinto en el cuerpo.
Las grasas saturadas son sólidas a temperatura ambiente y tienen básicamente procedencia animal, así se encuentran en las carnes y órganos animales, así como en la nata y huevos, mientras que las insaturadas proceden de los vegetales y los pescados.
Uno de estos ácidos grasos es el ácido oléico, también conocido como oleato, presente en el aceite de oliva y al parecer artífice principal de los beneficios que se la atribuyen a este aceite. Se trata de una grasa monoinsaturada, es decir que presenta un doble enlace libre en su cadena química y algunos estudios ponen de manifiesto que su consumo puede reducir los niveles de colesterol, así como los riesgos de padecer enfermedades coronarias2-3. De hecho, los científicos parecen estar de acuerdo en que gran parte de los beneficios que se le atribuyen a la dieta mediterránea proceden del consumo de aceite de oliva.
Pero a pesar de la importancia que tiene sobre la salud el consumo de grasas saludables, el interés del gran público se centra en saber cómo pueden afectar a los niveles de energía y a la composición corporal. Durante mucho tiempo se dio por sentado que el cuerpo trataba todas las grasas igual, depositándolas en tejido adiposo, pero hoy sabemos eso no es así.
Durante los últimos años se han llevado a cabo varios estudios para comprobar cómo utilizaba el organismo las distintas grasas y se ha podido comprobar como el cuerpo utiliza el ácido oléico (oleato) del aceite de oliva para producir energía, mientras que el ácido palmítico, un ácido graso saturado que se encuentra en las grasas animales y en la nata, se almacena en forma de tejido adiposo4-5.
Los científicos no tienen muy claro por qué el cuerpo prefiere oxidar para obtener energía unos ácidos grasos y guarda como adiposidad otros, pero lo cierto es que es un hecho científicamente contrastado, las grasas saturadas se convierten en tejido adiposo mientras que las insaturadas se queman como energía6.
En este sentido tres estudios diferentes han puesto de manifiesto que tras una sesión matinal de ejercicio de intensidad moderada el ácido oléico era quemado para producir energía a lo largo de todo el resto del día, a un ritmo considerablemente superior al que era usado en los días en que no se hacía ejercicio, eso demuestra que el efecto quemador de grasa del ejercicio afecta las grasas insaturadas pero no a las saturadas como el ácido palmítico.
Pero sin duda lo más relevante es saber que existen grasas que además de ser usadas en el cuerpo como fuente de energía pueden aumentar la lipolisis, o sea la degradación del tejido adiposo7-8 y hasta disminuir la lipogenesis, es decir la formación de dicho tejido graso9-10. Entre éstas destacan las que proporcionan los aceites de pescado, ricas en ácidos grasos insaturados EPA y DHA.
Por el contrario estos estudios demuestran lo que ya otras investigaciones habían sugerido, que la diferencia entre el grado de oxidación de las distintas grasas  determina que las saturadas, y especialmente los ácidos grasos saturados de cadena larga, como los que se encuentran en las grasas animales, como la nata, son más proclives a ser acumulados como grasa corporal11.
Con todos estos datos en la mano podemos ahora afirmar con total seguridad que, tal y como los culturistas han venido afirmando desde hace años, no todas las grasas son iguales y que así como algunas son dañinas para la salud y sólo sirven para almacenarse en grasa corporal, otras son esenciales para mantener un buen estado de salud e incluso para eliminar los cúmulos de adiposidad y permanecer definidos.

Músculos definidos mediante la estrategia de tres frentes
Bien, llegados a este punto es fácil establecer una estrategia de tres frentes para eliminar la grasa superflua y alcanzar una definición muscular cristalina, sólida y saludable.
Con la información con que ahora contamos yo la basaría en tres ejes sinérgicos que se complementan: la dieta, el ejercicio y la activación del metabolismo.

La dieta
Sin duda alguna la dieta constituye el eje central de la transformación corporal y ésta es la que ha de proporcionar los materiales para disponer de energía suficiente para entrenar duramente en el gimnasio, recuperarnos y construir nuevos tejidos musculares.
Las proteínas se emplean básicamente para la construcción de los músculos, mientras que los carbohidratos constituyen el primer recurso de energía, también cubierto por las grasas, como hemos tenido ocasión de ver.
La dieta idónea para deshacerse de los depósitos de grasa y mantener a la vez el tamaño muscular ha de ser rica en proteínas, moderadamente baja en hidratos de carbonos y grasas insaturadas y muy baja en grasas saturadas y azúcares simples. Es de gran importancia que entendáis la correcta proporción de los principios inmediatos para generar una química corporal propicia a la utilización del tejido adiposo como fuente de energía, pero que a un tiempo permita el mantenimiento de la masa muscular.
Básicamente esa dieta ha de estar constituida por varias pequeñas comidas, al menos cinco, las tres principales más dos o tres tentempiés entremedio. En cada toma han de estar presentes las proteínas que han de ser limpias y sin grasas saturadas, como el pollo y pavo, las claras de huevo, el pescado y los concentrados puros de proteína en forma de suplementos.
Los carbohidratos se limitarán a los complejos de bajo índice glucémico, como los copos de avena, el arroz integral y las judías, así como las verduras y hortalizas, pero eliminando las frutas dulces, las patatas y la pasta, así como cualquier alimento de tipo industrial y de harina blanca o que pueda contener azúcar en cualquiera de sus formas.
Las grasas animales, incluidos los lácteos, están descartadas y sustituidas por las insaturadas de las que no obstante no abusaremos. Por ejemplo, bastará con la inclusión de un par de cucharadas de aceite de oliva en las ensaladas, o de aceite de lino, un puñado de frutos secos y algún pescado graso como las sardinas o el atún o salmón.
Los carbohidratos sólo formarán parte de la dieta hasta la hora de la comida del mediodía y después de ese momento sólo utilizaremos las ensaladas como fuente de hidratos fibrosos.
Otras cosa, es mejor no combinar en la misma comida grasa y carbohidratos y sobre todo bebed mucho agua.
He aquí un prototipo de dieta.

Desayuno
Una taza de copos de avena, una tortilla de una yema y cuatro claras, un batido de proteína sin hidratos diluido en agua.
Media mañana
100 gramos de salmón al horno y un puñado de frutos secos.
Almuerzo
Una taza de arroz integral, una pechuga de pollo a la plancha, una pequeña ensalada con una cucharada de aceite de oliva o de lino, un pomelo.
Merienda
100 gramos de pavo frío con una ensalada con una cucharada de aceite de oliva o de lino.
Cena
Una taza de verduras al vapor, una ensalada, 200 gramos de pescado azul a la plancha o al vapor.

El ejercicio
Ni que decir tiene que el ejercicio es uno de los ejes fundamentales cuando abordamos la transformación corporal y lo es por dos razones principales, porque es la herramienta ideal para acelerar la reducción de los depósitos de grasa subcutánea y porque ayuda a construir tejidos nobles, es decir músculo.
Dada su doble función el ejercicio debemos dividirlo en dos partes: el aeróbico, destinado a quemar la grasa, y el anaeróbico, dedicado a construir músculo.
El primer tipo, el aeróbico o cardiovascular, podréis hacerlo en tres ocasiones concretas, o bien por la mañana recién levantados y en ayunas, aunque en este caso es conveniente tomar antes o bien aminoácidos o mejor aún un batido de proteína del suero en agua, para preservar la masa muscular y evitar a toda costa que se pueda degradar el tejido muscular.
La otra ocasión idónea para hacer aeróbic es después de entrenar con pesas, porque con el entrenamiento ya se habrá agotado el glucógeno y entonces el cuerpo recurrirá a la grasa como fuente de energía, pero nunca lo hagáis antes porque dañará vuestra capacidad para entrenar duro y para crecer.
Otra alternativa para el cardio es hacerlo antes de acostaros, porque así el metabolismo permanecerá activo durante la noche y quemará más grasa.
El otro tipo de ejercicio es el anaeróbico, el trabajo muscular con pesas. Éste ya debéis estarlo haciendo de forma habitual si sois lectores de esta publicación, pero en cualquier caso centraos en los grupos grandes y en el uso del máximo peso posible, que os permita realizar entre 8 – 10 repeticiones por serie para la parte superior del cuerpo y entre 12 – 15 para las piernas, siempre con una técnica inmaculada.
Centraos en ganar la mayor cantidad de masa posible para evitar cualquier posibilidad de pérdida durante la dieta de definición y además porque cuanta más masa muscular, más calorías son necesarias para su mantenimiento, o sea que más fácil os será permanecer definidos.

La activación del metabolismo 
En cualquier caso la capacidad de eliminar la adiposidad y de no acumularla depende principalmente del metabolismo que dicta el ritmo al que quema las calorías o las almacena como reserva en grasa corporal, por eso resulta esencial que éste funcione correctamente y no decaiga en su ritmo.
Por si acaso, y para evitar cualquier problema proveniente por ese lado os recomiendo el uso de un ergocéutico específico para activar el metabolismo y quemar la grasa.
Se trata del TH 101 que está específicamente formulado para activar el metabolismo y fomentar las condiciones idóneas para la eliminación de las grasas y los líquidos excesivos, al tiempo que reafirma la preservación de la masa magra.
Esas acciones las consigue por medio de varios mecanismos corporales que activa este preparado, pero fundamentalmente dos, la mejora de la actividad de la glándula tiroides y la elevación de la termogénesis, o sea, la utilización de las calorías para producir calor corporal.
Por supuesto que el TH 101 no aporta hormonas tiroideas ni ninguna sustancia sintética, sino que sencillamente suministra los elementos nutricionales que el cuerpo necesita para la producción natural de esas hormonas.
Por ejemplo, las dos hormonas que produce la tiroides y que son las responsables de la regulación del ritmo metabólico son la T4 o tiroxina y la T3 o triiodotironina, y ambas están constituidas por el aminoácido tirosina y el mineral yodo.
Por eso mismo el TH 101 aporta 600 miligramos por dosis de un alga muy especial, cuya característica especial es precisamente su alta concentración en yodo orgánico.
Asimismo proporciona la misma cantidad del aminoácido tirosina, que juega diversos papeles en el organismo, por lo que éste lo emplea para numerosas funciones, lo que no siempre garantiza su disponibilidad para la tiroides, de ahí que los 600 miligramos favorezcan que la glándula no carezca de la materia prima que necesita para su normal función.
El TH 101 incluye el cobre quelado a un aminoácido, porque éste compuesto es necesario para varias enzimas entre las que hay alguna que toma parte en el correcto funcionamiento de la tiroides.
De manera que con esas tres sustancias podemos estar seguros que de forma totalmente natural, y por cauces alimenticios, suministramos al cuerpo los materiales que la glándula tiroides necesita para su funcionamiento correcto.
No obstante, todavía quedan nueve ingredientes más en el TH 101 y varios de ellos se centran en la elevación de la termogénesis, es decir en la producción de calor corporal porque con ello se consigue elevar el gasto calórico durante las 24 horas del día, lo que al mismo tiempo aumenta la energía disponible.
El citrus aurantium es un citríco que se emplea en extremo Oriente como especia y de él se extrae una sustancia de tipo alcaloide denominada sinefrina, cuya particularidad es que actúa selectivamente sobre los receptores adrenérgicos beta 3. No entraremos en temas complicados de biología que a nadie interesa, pero si diré que en la practica eso significa que aumenta la utilización de los depósitos de grasa elevando la temperatura corporal levemente, lo que redunda en que las células grasas utilicen los ácidos grasos de reserva, o lo que es lo mismo: que se deshaga del tejido adiposo.
Se sabe que existen varios agentes que potencian sus acciones, uno de ellos es la naringina, un compuesto que se obtiene de un pomelo tropical, y otro es la cafeína cuya acción como estimulante suave del sistema nervioso central es bien conocido desde hace siglos. Además, la cafeína actúa también como diurético y acelera la utilización de los ácidos grasos como fuente energética,, por lo que contribuye a su eliminación.
Por eso mismo el TH 101 incluye naringina y guarana, esta última como aportación natural de cafeína.
Otro ingrediente excepcional de esta fórmula es la forskolina, sustancia que se extrae de una planta del golfo índico conocida como coleus forskohlii. Su particularidad reside en el hecho de que es capaz de activar una enzima llamada adelinato ciclasa que a su vez estimula una mayor producción de mono fosfato cíclico de adenosina (cAMP) en las células de los músculos, cuando eso ocurre éstas incrementan su combustión de ácidos grasos, así como la fabricación de proteínas, de manera que contribuye a la eliminación de la grasa y a la preservación y a la acumulación de músculo.
Resulta que la sinefrina actúa en sinergia con la naringina y la cafeína, pero también con la forskolina, aunque la vía de acción de esta última sea distinta, eso se llama efecto sinérgico, el que tienen unos ingredientes con otros, por eso la combinación produce mejores resultados que los que podrían obtenerse sumando cada uno por separado.
En ese mismo sentido el TH 101 también incluye el extracto de té verde, otro compuesto que en círculos médicos y científicos se viene empleando por sus efectos sobre la eliminación de la grasa. Este extracto es rico en catequinas, especialmente de un tipo, la epigalocatequina galato (EGCC) que activa la termogénesis, al tiempo que estimula la norepinefrina, la hormona más potente del cuerpo para utilizar la grasa. Según varias investigaciones, el extracto en cuestión también contribuye a reducir el apetito y los niveles de colesterol.
De otra fruta cítrica, la garcinia cambogia, se consigue el ácido hidroxicítrico (HCA) del que se ha constatado que aumenta la utilización de la grasa corporal, aunque en menor grado que los otros ingredientes, y parece reducir el apetito, pero su principal cualidad es que inhibe la acción de una enzima, la citrato liasa, que es la encargada de permitir la conversión de los excesos de azúcar en tejido adiposo. De manera que aunque también contribuye a acelerar la utilización de las reservas lípidas, su incorporación al TH 101 se centra en impedir que si os excedéis con los carbohidratos, éstos acaben formando tejido adiposo.
Si el exceso de azúcar engorda es porque genera un pico de insulina que es la hormona encargada de poner a disposición la glucosa para formar los ácidos grasos, y en ese sentido hay que subrayar la acción de otro ingrediente, el picolinato de cromo que interviene precisamente en el metabolismo de la glucosa aumentando la sensibilidad a esta hormona en las células musculares y reduciéndola en las grasas.
En pocas palabras, evita la subida de insulina y hace que los músculos sientan más afinidad por ésta, que como consecuencia no acaba creando células grasas, o sea que favorece la utilización de la glucosa como energía en lugar de predisponer que aumente el tejido adiposo.
Los efectos del cromo por sí solo no son excepcionales, pero dentro del marco del TH 101 es otro compuesto que actúa en sinergia con los demás ingredientes.
Todavía quedan dos plantas más en este ergocéutico, una es el diente de león, un diurético tradicional que ejerce unos efectos suaves pero muy manifiestos sobre la eliminación del agua subcutánea y que además tiene una particularidad, la de aportar potasio, justamente el mineral que se suele perder cuando se aumenta la diuresis.
La otra es la gimnema silvestre, otra planta de extremo Oriente que ha puesto de manifiesto su capacidad para regular los niveles de glucosa e insulina, y recordad que esa acción contribuye a impedir la formación de grasa, al tiempo que esta planta puede anular durante varias horas el sabor del azúcar, lo cual no deja de ser una buena ayuda para pasar de los dulces durante la dieta.
El TH 101 sin ser un fármaco produce unos efectos sensacionales y muy beneficiosos, pero sobre todo de forma natural y sin ningún tipo de riesgo.
No sentiréis nerviosismo, palpitaciones ni taquicardias, pero sí una ligera activación del metabolismo, que con su uso regular lo llevará a lo más alto de la normalidad, nunca por encima, ya que favorece su buen funcionamiento sin aportar ningún principio hormonal.
Gracias a las acciones del TH 101 eliminaréis la grasa paulatinamente y no la volveréis a acumular, sentiréis más energía y vigor, y además conservaréis la masa muscular incluso ante una dieta severa.

Manos a la obra
Ya lo sabéis, comed limpio, reducid los hidratos de carbono feculentos y los azúcares, pero incluid una buena dosis de ácidos grasos esenciales, como los descritos más arriba, esa es la gran novedad sobre la que la ciencia está trabajando.
No todas las grasas son iguales y por lo que se está demostrando incluir en la dieta una buena dosis, no excesiva, de las correctas es mantendrá más saludables, enérgicos y además podréis manteneros definidos más fácilmente.
Pero no olvidéis hacer ejercicio cardiovascular, entrenar pesado las grandes masas musculares, y emplear el ergocéutico TH 101.
¿El resultado? Músculos de buen tamaño y libres de grasa corporal.
¿Os interesa?

Bibliografía
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