La nutrición es uno de los temas más controvertidos y uno de los más cargados de mitos y falsas creencias.
Posiblemente, sea porque suscita tanto interés entre la gente, pero lo cierto es que no creo que existan otros ámbitos tan saturados de manías, hábitos extraños y sujetos a consejos contradictorios.
En lo tocante a la nutrición, cada maestrillo tiene su librillo, pero muchos van muy equivocados.
Veamos una docena de mitos arraigados.
Seguro que habéis tenido ocasión más de una vez de comprobar que todo el mundo siempre está dispuesto a ofrecer un consejo gratuito acerca de la alimentación. Todos creen saber bastante del tema como para recomendaros qué hacer o qué no hacer para ganar o para perder peso, o también para aseverar qué es bueno y qué es malo comer para estar muy saludable.
Pero sobre todo, cuando más surgen las recomendaciones espontáneas, y dónde más abundan los mitos, es cuando se trata de seguir una dieta para eliminar la grasa. Ahí todos tienen siempre algo que aportar, el problema es que casi siempre están equivocados.
Repasemos algunos de éstos mitos.
Primer mito: Saltarse comidas adelgaza
Es lo que hacen muchas chicas y chicos con el ánimo de perder un par o tres de kilos antes de la temporada playera. Lo que quizá no sepan es que con ello provocan en su cuerpo algo similar a un estado de emergencia, en el que el organismo pone en juego toda su eficacia para sobrevivir.
Cada vez que uno se salta una comida, el cuerpo reúne una especie de gabinete de crisis. Este trata de averiguar si le seguirán alimentando, o no, y si sigue echando en falta una o varias comidas al día, dará las órdenes pertinentes para frenar el ritmo metabólico, con el objetivo de quemar menos calorías en estado de reposo y preservar a ultranza las pocas que recibe.
Durante los primeros días de la reducción de comidas, el cuerpo perderá peso, agua sobre todo, pero después empezará a economizar calorías a toda costa, almacenándolas en forma de grasa para asegurar la supervivencia. Al final no se pierde peso a pesar de llegar a comer una sola vez al día.
Cuando eso ocurre, uno se ve presa en un círculo vicioso de adelgazamiento y aumento de peso difícil de romper, porque en cuanto se vuelva a comer un poco más las reservas de tejido adiposo se dispararán y se engordará más que antes.
Segundo mito: Los alimentos procesados son peores que los naturales
No se trata de romper una lanza por los donuts o las patatas fritas con mayonesa, productos que contienen tal número de ingredientes basura, que más parecen el resultado de un experimento químico que verdaderos alimentos, sino por ciertos procesamientos que resultan necesarios. El de la leche cruda, por ejemplo. La pasteurización, tratamiento por calor, mata una serie de microorganismos peligrosos para la salud. También se le añaden vitaminas, lo cual es muy saludable. En otro tipo de tratamiento se le quita la crema para producir leche desnatada, es decir, baja en grasas. El hervido, el enlatado, el secado y toda una serie de otros procedimientos que alteran los alimentos, pueden ser beneficiosos para la salud e incluso mejorar la calidad nutricional y la seguridad de ciertos alimentos sobre su consumo en crudo, o estado natural.
Por tanto, no todo procesamiento aplicado a los alimentos es dañino.
Tercer mito: Los carbohidratos son más importantes que las proteínas
Durante muchos años, se creía que las dietas ricas en carbohidratos eran el no va más de los regímenes alimenticios, porque constituyen el mejor donante de energía y no contienen grasa. Pero hace algún tiempo –y a raíz de la aparición de dietas tales como "la Zona"– se descubrió que la ingestión excesiva de glúcidos era contraindicada en caso de mantenimiento o pérdida de peso, e innecesaria para la salud y el bienestar corporal.
Los carbohidratos son indispensables para ciertas funciones fisiológicas y como alimento para el cerebro, pero las proteínas lo son tanto o más para la regeneración celular y la conservación de la masa muscular, dos factores cruciales para un metabolismo eficiente. Además, con la edad, sobre todo las mujeres pero también los hombres, toleramos cada vez peor el almidón y el azúcar, ambos son tipos de carbohidratos, y necesitamos menos glúcidos, a no ser que permanezcamos muy activos.
Es cierto que los carbohidratos no son grasas, pero también lo es que se convierten muy fácilmente en adiposidad si su consumo es excesivo o consumimos los del tipo erróneo, como los feculentos y almidonados de alto índice glucémico.
Cuarto mito: El exceso de azúcar es preferible al de grasa
En realidad es al revés, porque el azúcar provoca un desequilibrio en el nivel de glucosa en sangre y, en caso de abuso repetitivo, puede llegar a provocar la diabetes en los adultos. Las grasas saturadas pueden causar a la larga enfermedades cardiovasculares, pero hay que tener presente que ésa no es más que la mitad de la verdad. Porque, por el contrario, las monoinsaturadas son sanas y necesarias para el organismo, como las del aceite de lino, de oliva, o las aportadas por nueces, almendras y aguacates. Sin ellas, nuestra salud estaría en juego. En cambio, no necesitamos el azúcar para nada. No olvidemos, sin embargo, que el organismo metaboliza, o transforma, todos los carbohidratos en glucosa (azúcar) para asimilarlos, sea su fuente la que sea, desde una verdura a un caramelo.
Pero mientras que las verduras y legumbres proporcionan vitaminas, fibra y antioxidantes, la sucrosa y los productos ricos en fructosa o dextrosa no son indispensables para nuestras funciones fisiológicas; sólo sirven para disparar el nivel de azúcar sanguíneo y causar estragos en el páncreas.
Si tenéis que saltaros la dieta ¡Más vale hacerlo con las grasas, que con los dulces!
Quinto mito: Las vitaminas y minerales son naturales y, por ello, seguros
Las vitaminas son naturales, pero algunas pueden resultar tóxicas si no se respetan las dosis máximas diarias.
Hay dos tipos de vitaminas: las liposolubles y las hidrosolubles. Tomadas en abundancia éstas últimas, su exceso se elimina con la orina. Por ejemplo, las C y B. Tomad 10 veces la dosis correcta y expulsaréis la cantidad sobrante con la micción.
En cambio, las liposolubles, como la A, D y la E, son más problemáticas. Administradas indiscriminadamente, pueden llegar a ser tóxicas ya que no se excretan, sino que se almacenan en los depósitos de tejido adiposo.
Mientras que es extremadamente rara la intoxicación con vitamina E, el exceso de vitamina A se caracteriza por un color anaranjado de la piel y por los trastornos de hígado y de la vista, función que, sin embargo, favorece en las dosis adecuadas. Los excesos de vitamina D resultan perjudiciales a largo plazo.
Así pues, no sobrepaséis las cantidades recomendadas sobre todo de vitamina A y D.
Sexto mito: No se puede digerir más de un alimento a la vez
Los humanos, al igual que algunos animales, somos omnívoros, es decir que comemos de todo. Tenemos un intestino de longitud media capaz de habérselas tranquilamente con una salchicha dentro de un bollo. En cambio, las ovejas, las vacas y otros herbívoros poseen más de un estómago para digerir los diferentes nutrientes de las plantas. Los mamíferos como los leones y los tigres son carnívoros porque poseen un intestino demasiado corto para digerir alimentos vegetales.
Nuestro aparato digestivo está mucho más evolucionado que el de los animales, lo cual nos permite tolerar cualquier tipo de alimento. Las dietas que parten de la base de que no podemos comer más de uno a la vez, proteínas, carbohidratos o grasas, pecan de ignorancia. El ser humano está construido de tal modo que es perfectamente capaz de tolerar una gran variedad de macronutrientes y alimentos al mismo tiempo. Sencillamente porque hemos evolucionado así.
Séptimo mito: Los "alimentos blancos" estriñen y son dañinos
Dado que ciertos alimentos como el arroz y el pan blancos contienen poca fibra, hay gente que piensa que toda la "comida blanca" posee poco valor nutricional. Y si bien es verdad que los productos procesados han perdido el suyo en buena parte, no todo lo que es blanco es desechable, ni mucho menos.
Las patatas, las judías, la avena y cebada integrales, todas ellas son blancas pero también son muy nutritivas y altas en fibra.
Todo alimento procesado poco o nada pero provisto de todo su contenido en fibra, es de alto valor dietético y muy conveniente para la salud.
Por consiguiente, su color no tiene gran importancia, su composición sí.
Mito octavo: Necesitamos comer más cuando hace frío
Es una creencia sin ningún tipo de fundamento y que ha hecho acumular innumerables kilos de grasa a la gente que durante los meses fríos se atiborran de calorías. De hecho, cuando el termómetro sube, el apetito baja como respuesta del organismo a la menor actividad.
Pero aunque tengamos menos hambre cuando aprieta el calor, la realidad es que necesitamos la misma energía para sudar que para mantener la temperatura corporal cuando hiela. Si somos activos y jugamos al tenis o nadamos en verano, necesitamos incluso más calorías que en pleno mes de enero, a no ser que también practiquemos algún deporte de invierno.
Es nuestro nivel de actividad el que determina nuestros requerimientos calóricos, no el termómetro.
De manera que no hay por qué comer más en invierno que en verano.
Mito noveno: El colesterol alto es un peligro inmediato para el corazón y los delgados no sufren de hipercolesterolemia
El colesterol es una de las sustancias más malinterpretadas del cuerpo humano. La extrapolación de información basada en un nivel elevado de colesterol puede resultar bastante difícil, a causa de sus rápidas variaciones. Un colesterol alto puede bajar considerablemente en el plazo de una semana, debido a ligeros cambios en la dieta. Por otro lado, las mediciones totales de colesterol no son fiables en absoluto porque no diferencian entre sus diversos tipos, el bueno (HDL) y el malo (LHL). T
Esta sustancia también se encuentra en algunos alimentos, procedente de fuentes vegetales (casi siempre saludable) y animales (yemas de huevo, ternera grasa, margarina, aun siendo ésta vegetal).
Pero el colesterol es esencial para el cuerpo, que lo necesita para ciertas funciones y también es capaz de producirlo por sí mismo. Paradójicamente niveles muy bajos de colesterol, como el HDL constituye un indicador de riesgo para la salud.
Además, se puede estar delgado y sufrir de problemas de colesterol alto, tanto por llevar una dieta inadecuada como por problemas metabólicos.
Espero que esta explicación, aunque simplificada, sirva para quitar el miedo a tener el colesterol alto.
Mito décimo: Para reducir el colesterol y para adelgazar, suprimid la carne roja
Los hechos parecen demostrar lo contrario. 100 gramos de pechuga de pollo aportan 73 milígramos de colesterol, la misma cantidad de platija (un pescado), 60, mientras que de bistec de solomillo a la plancha tan sólo 56. Aunque hay gente que se empeña en convertir la carne roja en el chivo expiatorio de los trastornos cardiovasculares y otras enfermedades, la realidad es bien otra. Semejante generalización es ridícula. La carne roja es excelente para la salud porque proporciona una gran cantidad de nutrientes y no debería suprimirse de la dieta, salvo consideraciones éticas, religiosas o de tipo personal.
Aunque es cierto que esta carne contiene algo más de grasa que el pollo (que no colesterol), por ejemplo, también lo es que su consumo sacia mucho más, lo cual quiere decir que incita a comer menos cantidad, por lo que a largo plazo ayuda a consumir menos calorías y eso puede ser bueno dentro de una dieta de definición.
Mito undécimo: Todos los conservantes son malos
Las vitaminas A y E son conservantes. Como antioxidantes, evitan que los alimentos se estropeen al contacto con el aire. Los conservantes antibacterianos, como los nitratos y los nitritos, se usan para preservar las carnes de la descomposición y de los microorganismos causantes del botulismo. Algunos de ellos previenen ciertos tipos de cáncer matando los hongos carcinógenos que aparecen en los cereales y otros alimentos. De hecho, mediante estos fungicidas se ha conseguido reducir la tasa de cáncer de estómago en los EE.UU. De modo que, si alguien os ha jurado que los conservantes son fatales para la salud, ha pecado de inexactitud.
Son precisamente ellos los que nos permiten consumir una enorme variedad de alimentos, sin contraer enfermedades, por tanto no todos los conservantes son malos.
Mito duodécimo: Los suplementos para perder grasa no son eficaces
Evidentemente no todos los suplementos propuestos para acelerar la pérdida de grasa corporal son eficaces, sencillamente porque los mecanismos por los que el cuerpo quema y se libera del tejido adiposo son múltiples, de manera que si se intenta abordarlo por un enfoque único, lo lógico es el fracaso más absoluto.
Para solucionar un problema, primero hay que entender cuál es su origen y en este caso se trata de comprender cómo se forma la grasa y cómo se degrada. Una vez entendido el proceso, es sencillo ir a la raíz del problema.
Los orígenes del excesivo acopio de grasa pueden ser alguno o varios de los siguientes supuestos:
· Ingestión excesiva de calorías.
· Muy poco gasto de energía.
· Ritmo metabólico lento.
· Aumento de los niveles de insulina.
· Dieta con demasiada presencia de carbohidratos.
Y las medidas que pueden contrarrestar cada uno de esos procesos son:
· Moderar la ingestión calórica por la dieta, como reduciendo los alimentos grasos e hipercalóricos.
· Incrementar el gasto de energía aumentando la actividad física, por ejemplo con el ejercicio cardiovascular.
· Acelerar el ritmo metabólico para que el organismo gaste más calorías, y por tanto grasa, con todas sus actividades diarias.
· Controlar a la baja los niveles de insulina, con el ejercicio y la dieta.
· Moderar la presencia en la alimentación de los hidratos de carbono almidonados y feculentos.
Para conseguir reducir los niveles de adiposidad es necesario llevar una dieta sensiblemente baja en grasas saturadas y azúcares, al tiempo que se aumenta la cantidad de ejercicio tanto muscular para incrementar la masa muscular, que constituye un buen consumidor de calorías y activador del metabolismo, como el aeróbico, que acelera la reducción de los depósitos de grasa.
Dentro de este marco de alimentación controlada, existe un preparado muy especial que ha demostrado científicamente en docenas de estudios controlados, pero sobre todo en miles de casos prácticos, que es sumamente eficaz para reducir los niveles de adiposidad subcutánea, al tiempo que impide su nueva formación y mejora sensiblemente la masa muscular. Se trata del TH101 de Future Concepts.
El éxito de este producto está basado en que su enfoque es multidimensional y activa distinto frentes metabólicos y orgánicos que desembocan en la reducción de la grasa y el aumento del músculo seco.
La maravilla de su diseño estriba en la combinación muy precisa de 12 ingredientes activos que actúan en sinergia los unos con los otros para crear el entorno metabólico preciso y decisivo para alcanzar esos objetivos.
El TH101 es eficaz porque actúa sinérgicamente sobre varios ejes fundamentales. A saber:
· Activa la glándula tiroides que es el regulador maestro del rimo metabólico, de manera que se dispone de más energía y se queman mejor las calorías. Dos compuestos de la fórmula constituyen la materia prima de la que se forman las hormonas tiroideas y otros dos son cofactores enzimáticos en la producción de las mismas.
· Permite cambiar la fuente de energía preferente que usa el cuerpo, pasando de la glucosa a los ácidos grasos, activando así el uso de la grasa como combustible. Así toda actividad contribuye a reducir los niveles de grasa.
· Aumenta la termogénesis o temperatura corporal. Ese ligero aumento constituye un modo seguro de gastar muchas más calorías al cabo del día, incluso sin hacer ejercicio, hasta en reposo.
· Controla y regula los niveles de insulina, evitando tanto las subidas, que generan luego caídas de energía y generación de tejido adiposo, como las bajadas que provocan hambre sobre todo de alimentos dulces.
· Bloquea la transformación de la glucosa en ácidos grasos de reserva, es decir de adiposidad, fomentando su conversión en glucógeno. En la práctica significa que los excedentes de glucosa que el cuerpo no queme para producir energía, en lugar de acabar como grasa corporal, pasan a ser glucógeno o se eliminan.
· Favorece el drenaje de los líquidos subcutáneos y activa la función diurética.
· Posee un ingrediente especial que libera la testosterona de la proteína sanguínea que se le adhiere en la sangre y la vuelve inerte. Al desunirla, la hormona recobra su actividad anabólica y mejora la creación de tejido muscular.
Puede que la mayoría de suplementos que se proponen para acelerar la pérdida de grasa no sean eficaces, o sólo lo sean muy poco y por muy poco tiempo, pero eso es porque su diseño y composición no abordan los distintos enfoques que llevan a la creación del tejido adiposo.
En cambio, el TH 101 posee una fórmula tan magistralmente diseñada que los 12 compuestos que la forman atacan cada aspecto del problema y lo resuelven de modo impecable y eficaz, siendo más y más efectivo con su uso, porque acaba regulando el metabolismo para que éste produzca energía a partir de la grasa subcutánea y luego regula a la baja su nueva formación.
No todo lo que se dice sobre nutrición es fiable
Como veis, no todo lo que se dice acerca de la nutrición es fiable o tiene fundamento. Existen muchos mitos y falsas creencias, entre éstos aquí hemos revisado 12 que son bastante populares, pero inexactos.
Ahora sabéis la verdad que hay tras ellos.