Lo que debéis saber sobre los suplementos para personas con diabetes

Por Xavier Fox

En BodyFitness no sólo queremos enseñaros cómo entrenar y cómo perder grasa. Además de esto, pretendemos fomentar una calidad de vida superior y eso significa hacer que nuestros lectores lleguen a sentirse mejor y estén más sanos por dentro, no sólo por fuera. Muchos entusiastas del fitness padecen diabetes, por lo que mejorar su condición física en general se convierte en un reto aún mayor debido a las características de esta enfermedad. En este artículo, abordaremos muchos de los suplementos más utilizados en este deporte que, además de ayudar a perfeccionar el físico de estas personas, controlan la diabetes si se combinan con una alimentación adecuada.

Las incansables labores de investigación llevadas a cabo por la comunidad científica hacen cada vez más evidente que la magnitud de los efectos de la diabetes sobre las personas está directamente relacionado con los hábitos alimentarios. Por lo tanto, consumir ciertos suplementos y comer bien es la clave para que el impacto de dichos efectos sea mínimo. En el mundo del fitness, es muy frecuente que los atletas tomen una gran cantidad de vitaminas, minerales y productos herbáceos para regular de forma natural las concentraciones de azúcar en sangre y para prevenir las complicaciones derivadas de la diabetes.
Por lo general, las personas saben que esta enfermedad está asociada a las concentraciones de insulina y de azúcar en sangre, pero sólo quienes la padecen tienen un conocimiento más profundo sobre ella. La diabetes es el producto de alteraciones en el metabolismo de los carbohidratos y en las repercusiones que éstas tienen sobre los niveles de azúcar en sangre. Como la mayoría de los lectores sabéis, cuando los carbohidratos se ingieren y se procesan, se transforman en glucosa, que es el azúcar que se libera en el torrente sanguíneo.
La insulina es la encargada de regular la concentración plasmática de glucosa, así como el metabolismo de los carbohidratos para la producción de energía. En otras palabras, se trata de la hormona anabólica que ayuda a que el azúcar en sangre llegue a las células para que los órganos dispongan del combustible suficiente para desempeñar sus funciones vitales como es debido. Por lo tanto, si el cuerpo presenta un déficit de insulina o una disfunción en el transporte de glucosa, es normal que aparezcan problemas de salud. No sé vosotros, pero yo prefiero que mi corazón, mis riñones y mis pulmones estén sanos y funcionen correctamente.
Existen varios tipo de diabetes. La insuficiencia insulínica hace que el azúcar permanezca en el torrente sanguíneo en lugar de llegar a las células para que éstas puedan crear energía. Esta variante se denomina diabetes de tipo 1 y, generalmente, aparece en la infancia (por eso, también se la conoce como diabetes juvenil). Ante la incapacidad corporal para segregar insulina, los diabéticos de tipo 1 deben inyectársela a diario o, de lo contrario, sus órganos no dispondrán de energía para funcionar. No soy doctor, pero sí que soy lo bastante avispado para ver que esto no es nada bueno.
La diabetes de tipo 1 es una enfermedad del sistema inmunológico, el responsable de combatir las infecciones y las enfermedades. Por alguna extraña razón, éste es incapaz de diferenciar las células infecciosas de las que producen insulina, por lo que las destruye todas. Al final el organismo no puede liberar insulina, porque ha acabado con las células pancreáticas que la producen.
Entre los principales síntomas de la diabetes insulinodependiente, se encuentran la micción frecuente, el aumento de la sed y del hambre y la pérdida de peso. El primero de ellos se deriva del intento corporal por eliminar el azúcar que se acumula en el torrente sanguíneo. Como es lógico, el aumento de las ganas de orinar provoca deshidratación y, por eso, el individuo afectado tiene mucha más sed. Dado que las células no reciben el aporte de nutrientes que necesitan, el organismo requiere una mayor cantidad de alimento para producir energía. No obstante, los carbohidratos no se absorben correctamente y el cuerpo elimina la glucosa. De ahí, la desnutrición y la pérdida de peso.
La diabetes no insulinodependiente (o de tipo 2) representa el 90% de los casos y no se desarrolla hasta haber alcanzado la edad adulta. En este caso, el problema es un fenómeno denominado resistencia a la insulina (la hormona no entra en las células, con lo que éstas no reciben glucosa y, por lo tanto, no pueden generar energía). Ante esta situación, el organismo envía continuas señales al páncreas para que produzca más insulina. Con el tiempo las concentraciones plasmáticas de esta hormona anabólica y de azúcar en la sangre aumentan de un modo extraordinario. Este exceso tiene un efecto rebote y hace que el organismo frene en seco la producción de insulina. Los diabéticos de tipo 2 deben controlar la hiperglucemia con medicación.
Por lo general, este tipo de diabetes está muy extendido entre las personas con sobrepeso, hipertensión e hipercolesterolemia y puede controlarse más fácilmente con un buen plan de ejercicio físico y una dieta apropiada. Además, su aparición es más gradual y no se reconoce hasta que se ha desarrollado plenamente. El resto de los síntomas son iguales en ambos casos.
Como podéis observar, el resultado final en las dos clases de diabetes es unas concentraciones de azúcar en sangre muy elevadas. Como hemos dicho antes, las células no reciben la glucosa que necesitan para generar energía. Pero eso no es todo: el incremento de dichas concentraciones ataca los vasos sanguíneos, los riñones, el sistema nervioso, el corazón y los ojos. Por eso es tan importante aprender a controlarlas. Ceñirse a un plan de ejercicio físico y a una alimentación sana y equilibrada ayuda a aliviar esta afección, pero no olvidéis que algunos suplementos juegan un papel fundamental en todo este asunto.
La hiperglucemia prolongada aumenta el grosor de los vasos sanguíneos, dificultando la circulación y, por lo tanto, privando a los órganos de la óptima cantidad de nutrientes y de oxígeno. Asimismo, incrementa los niveles de grasa en sangre (hiperlipidemia), provocando un engrosamiento arterial aún mayor que hasta podría desembocar en la obstrucción total de las vías, preparando el terreno para posibles infartos de miocardio o ictus.
El sistema nervioso es otra de las áreas que se ven gravemente afectadas si no se regulan las concentraciones de azúcar en sangre. Como todos sabemos, los nervios son los encargados de enviar señales por todo el cuerpo por lo que, si presentan daños, el funcionamiento de las áreas corporales que debieran recibir dichas señales empeorará o se verá interrumpido. Cuando el sistema nervioso se ve afectado, puede desencadenar dolores fuertes o pérdida de sensibilidad de las zonas afectadas.
En muchos casos, la diabetes produce una alteración en los vasos sanguíneos del ojo y provoca un daño en la retina (la capa de tejido sensible a la luz que hace posible la visión) conocido como retinopatía diabética. Cuando los vasos sanguíneos se lesionan, se forman microaneurismas que, a menudo, explotan y derraman sangre u otros fluidos en los tejidos, ocasionando la inflamación de la retina. Con el paso del tiempo, ésta intenta crear nuevos vasos sanguíneos para reemplazar los dañados con el fin de obtener el oxígeno y los nutrientes que necesita para funcionar adecuadamente. No obstante, estos nuevos vasos son muy débiles y tienen aún más posibilidades de sangrar o derramar fluido, aumentando el riesgo de desprendimiento de retina. Si el problema no se detecta a tiempo, puede derivar en una ceguera.
El uso de suplementos específicos contribuye a regular las concentraciones de azúcar en sangre que han experimentado un aumento peligroso. Aparte, muchos de ellos pueden combinarse para multiplicar sus efectos y obtener mejores resultados. Sin embargo, esto no significa que debáis descuidar la dieta. Si no seguís una alimentación sana y equilibrada, los niveles plasmáticos de glucosa se dispararán (lo recomendable es estar entre 70 y 120) y no conseguiréis mejorar vuestra salud por muchos suplementos que toméis. No olvidéis que estos productos no deben sustituir los hábitos alimentarios propiamente dichos, sino complementarlos para incentivar sus beneficios. Si tenéis diabetes, conviene que os ciñáis a la dieta que el doctor os haya recomendado y que vigiléis vuestra cantidad de azúcar en sangre a lo largo del día.
Ahora echaremos un vistazo a las vitaminas, los productos herbáceos y los minerales más utilizados y hablaremos de los efectos que tienen sobre las personas enfermas de diabetes, además de los beneficios que reportan en el ámbito del fitness.
La vitamina C (o ácido ascórbico) es la más conocida y la más utilizada en todo el mundo. Se combina con la vitamina E para transportar la glucosa del torrente sanguíneo a las células. También conserva la salud de los vasos sanguíneos y de los riñones y es esencial para las personas que suelen entrenar con resistencia, porque fortalece los huesos y combate los radicales libres (esas partículas tan nocivas que destruyen los tejidos, fomentan la aparición de cáncer, cardiopatías y artritis y aceleran el proceso de envejecimiento.)
Las vitaminas del complejo B también son muy importantes para mantener el cuerpo sano y prevenir los efectos de la diabetes. El factor hidrosoluble B, al principio considerado una sola sustancia, incluye la tiamina (B1), la riboflavina (B2), la niacina (B3), el ácido pantoténico (B5), la piridoxina (B6), la biotina (B7), el ácido fólico (B9) y la cobalamina (B12).
Ésta última actúa en conjunto con la B9 y la B6 para cuidar el corazón y el sistema nervioso central y desempeña un papel indiscutible en la división celular. Además, es imprescindible para el crecimiento del individuo y participa en el metabolismo de las grasas y de los carbohidratos.
La vitamina B6 tiene otras funciones, aparte de velar por la salud del corazón y del sistema nervioso. Entre ellas se encuentra la de evitar la pérdida de visión. La vitamina B6 actúa principalmente como coenzima, es decir, como catalizador de otras enzimas que requieren apoyo para poder desempeñar sus tareas (de hecho, está implicada en más de 70 funciones enzimáticas). La formación de los neurotransmisores, las proteínas y los eritrocitos no sería posible sin esta vitamina. Otra de sus propiedades más destacables es la de transformar en energía los alimentos metabolizados (convertir el glucógeno en glucosa), lo que la convierte en un elemento clave en la lucha contra la diabetes.
La biotina (B7) es muy conocida entre los culturistas. Actúa como coenzima en el metabolismo de las proteínas y de las grasas y participa en la formación de los ácidos grasos y de glucógeno, así como en el proceso de liberación de energía a partir de los alimentos (como la mayoría de las vitaminas del complejo B). Además, coopera con la insulina y el páncreas para estabilizar las concentraciones de azúcar en sangre. Y por si fuera poco, está implicada en la transferencia de dióxido de carbono y en el desarrollo de los ácidos nucleicos, RNA y DNA, lo que significa que es vital para el crecimiento y la replicación celulares. Otra de sus funciones es la de preservar la salud de los tejidos nerviosos. La combinación de picolinato de cromo con la vitamina B7 motiva el buen funcionamiento del páncreas y el correcto aprovechamiento de la insulina.
Otra de las vitaminas B que combate la aparición de complicaciones como consecuencia de la diabetes es la B9 (o ácido fólico), esencial para el proceso de digestión y para el buen proceder del sistema nervioso. Al igual que la biotina, el ácido fólico es imprescindible para la síntesis del RNA y DNA, y para la correcta división celular. También lo es para la formación de hematíes y leucocitos sanos y para la producción de hemoglobina, que se encarga del transporte del oxígeno por todo el cuerpo, por lo que ayuda a reducir el riesgo de infarto cerebral ocasionado por la diabetes.
La vitamina E actúa de forma sinérgica con el grupo B para luchar contra las lesiones del sistema nervioso y para preservar la salud del páncreas. Dado que también trabaja en sintonía con la vitamina C (ácido ascórbico), ayuda a prevenir las afecciones renales, los infartos de miocardio y la ceguera.
Al igual que todas estas vitaminas, el zinc es muy conocido en el mundo del culturismo. Se trata de un mineral muy abundante en alimentos como la leche, las ostras, la carne roja y las judías (entre otros) que ayuda a transportar el azúcar hacia las células y, que por lo tanto, desempeña un papel indiscutible en la división, el crecimiento y la reparación celulares. Aparte, participa en más de 200 reacciones enzimáticas y ayuda a ciertas hormonas del organismo, como la del crecimiento, la testosterona y la insulina. Pero, además, estudios realizados demuestran que el consumo de suplementos de este importante mineral está íntimamente ligado al aumento de las concentraciones de testosterona. Con todo, no rebaséis la dosis recomendada de estos productos. Recordad que el exceso de zinc en el organismo impide la absorción de otros minerales, como el cobre, el calcio y el hierro.
Y hablando del cobre. Esta sustancia ayuda al páncreas a producir insulina de forma sana y evita que los efectos de la diabetes repercutan sobre el buen estado de los vasos sanguíneos y de los nervios. El cobre también regula los niveles plasmáticos de glucosa e interviene en la liberación de superóxido dismutasa (SOD), el principal mecanismo enzimático para la eliminación de radicales libres.
Luego encontramos el fenogreco (o alholva), una planta herbácea de la que hablamos hace unos meses. Entre sus principales propiedades, están las de ayudar al hígado y a los riñones a metabolizar los azúcares y a estabilizar las concentraciones de azúcar en sangre. Estudios realizados confirman que el fenogreco reduce los niveles plasmáticos de glucosa sin afectar los de insulina. Además, ayuda a regular el colesterol, proporciona colina y triptófano al sistema, incrementa la cantidad de testosterona en el organismo y actúa como potente antioxidante debido a su contenido en ácido ascórbico.
El magnesio posee un papel crucial en el metabolismo de la glucosa y, aunque las investigaciones sobre este componente son escasas, se cree que mejora la tolerancia a esta sustancia. Por otro lado, el magnesio actúa también como un antioxidante eficaz y vela por el buen funcionamiento de las mitocondrias.
Los datos que se han recogido tras la ejecución de numerosos ensayos clínicos en animales concluyen que el selenio podría reducir los niveles de azúcar en sangre, así como el riesgo de enfermedades renales o coronarias como consecuencia de la diabetes. Todo indica que esta sustancia imita el comportamiento de la insulina y, como tal, transporta el azúcar hasta el interior de las células. Asimismo, se ha descubierto que el selenio trabaja mejor ante la presencia de la vitamina E.
La Gymnema silvestre es una planta trepadora autóctona de los bosques tropicales de la India central y meridional. Sus hojas se utilizan en preparaciones herbarias medicinales. De hecho, cuando se mastican, interfieren con la capacidad de saborear el dulce. Esto explica el significado de su nombre: destructor del azúcar. Este suplemento eleva las concentraciones de insulina mediante la regeneración de las células pancreáticas que producen esta hormona. Asimismo, estimula la actividad de la glucosa utilizando enzimas que intensifican el transporte de azúcar hacia las células. Esta acción mantiene los niveles plasmáticos de glucosa al mínimo, sin que lleguen a ser insalubres,
No permitáis que la diabetes sea una excusa para dejar de hacer ejercicio y disfrutar de la vida. Utilizad estos suplementos con regularidad y adoptad un estilo de vida sano y activo. Si conserváis la salud, seréis capaces de enfrentaros al entrenamiento y de desempeñar mejor otras actividades diarias. Controlad vuestra diabetes para que ella no se apodere de vosotros.