ARTÍCULOS DE NUTRICIÓN
Controlar los niveles de glucosa para liberarse de la adiposidad
Por Al Wilson
Como lectores de una publicación de culturismo, seguramente es más que probable que os encontréis entre el 60-70% de esos que desearían perder algunos kilos de grasa para poder lucir los músculos definidos por los que tanto se entrenan.
Y también es muy posible que como una amplia mayoría no sepáis que para libraros de la grasa es necesario controlar los niveles de glucosa.
Si queréis por fin poseer músculos libres de adiposidad más os vale seguir leyendo.

Me remito a la frialdad de las estadísticas puras: a más del 85% de la población de los países industrializados en general le gustaría tener algún kilo menos y la realidad es que casi el 70% se ve con más adiposidad de lo que quisiera, más del 50% padece un cierto sobrepeso, mientras que más del 30% entran ya directamente en la obesidad.
Por desagracia estas cifras van in crescendo en casi todos los países, incluidos los del entorno mediterráneo dónde tradicionalmente su población mantenía un peso normal. Esta plaga creciente se atribuye directamente a los hábitos de nutrición, así como al sedentarismo que se ha instalado entre la gente, que cada vez realiza menos ejercicio y actividades físicas.
Esos dos factores unidos son los responsables de que el aumento de peso se empiece a ver como un problema que afecta a millones de personas. Y no hablamos aquí de un simple tema de estética corporal, aunque nadie quiera estar gordo ya que eso no es bonito ni está de moda, no, se trata de que existen numerosos estudios médicos que han puesto de manifiesto los problemas de salud derivados, o consecuencia, del exceso de peso. 
Ahora bien, si entre la población media existe este problema creciente solapado con el afán constante por adelgazar, entre los entusiastas al fitness y los culturistas la eliminación de la grasa constituye el 50% del objetivo para el que se entrenan, el otro 50% es el aumento de la hipertrofia muscular. Es más yo diría incluso que entre los que consideran que se ejercitan regularmente con afán de estar en buena forma, es decir entre cuyos objetivos el conseguir músculos realmente grandes no cuenta apenas, deshacerse de la grasa constituye prácticamente la única  razón que justifica sus esfuerzos.
Así es, miles de mujeres y de hombres se entrenan con regularidad sin que su afán sea lograr músculos de enorme tamaño, sino cuerpos tónicos, esbeltos, duros y en los que la grasa brille por su ausencia.
Por su parte, los culturistas buscan hipertrofiar la musculatura todo lo posible, pero al mismo tiempo para ellos la erradicación de la adiposidad es una exigencia máxima, ya que esa capa de grasa subcutánea impide que los músculos se vean impresionantes, por eso para éstos conseguir una piel fina como el celofán constituye un objetivo fundamental.
Ahora bien, mientras que para los entusiastas del fitness con un porcentaje de grasa corporal moderadamente bajo ya se ven bien y no necesitan más, para los culturistas sin embargo, lograr ese aspecto de músculos duros, recortados y voluminosos depende fundamentalmente de los niveles realmente bajos de adiposidad.
En resumen, que desde la población media hasta los atletas que se ejercitan para alcanzar un buen estado físico y un determinado aspecto corporal, la reducción de los depósitos subcutáneos de grasa es una prioridad.
Pues bien, lo que todos deben saber es que es perfectamente posible reducir muy sustancialmente la adiposidad por medio de controlar los niveles de glucosa.
Pero antes de entrar en materia de cómo eliminarla, veamos cómo y por qué se forma la grasa corporal. 

La grasa como mecanismo de supervivencia
Mucha gente se pregunta ¿por qué me engordo? Algunos creen erróneamente que acumulan grasa por culpa de un defecto genético o una especie de castigo de la Naturaleza, cuando hasta no hace mucho la cualidad de almacenar tejido adiposo era sencillamente una bendición.
Tendríamos que remontarnos por un momento a nuestra propia evolución como especie para saber que los humanos no teníamos garantizada la supervivencia ni mucho menos, entre otras cosas porque la disponibilidad de alimento no era regular. Cuando la caza o la recolección de alimento escaseaban, sólo aquellos individuos de la especie que habían sido capaces de acumular grasa corporal cuando había abundancia podían sobrevivir de esas reservas, mientras que los otros perecían.
Por tanto, aunque en los países industrializados no nos enfrentamos a esos peligros de inanición, la capacidad de acumular grasa corporal sigue siendo un vestigio evolutivo de supervivencia.
Ahora bien, si entendemos cómo se activa y desactiva este mecanismo, será mucho más fácil evitar la formación de grasa.
El cuerpo dispone de numerosos sensores y termostatos que regulan sus funciones y uno de ellos pone en marcha la preservación de la grasa corporal en cuanto detecta la reducción del volumen de alimento que recibe. Por eso es indispensable que en una dieta de definición el cuerpo reciba alimento cada pocas horas, para que al detectar regularidad en la administración de víveres no bloquee la eliminación de la adiposidad.
En este sentido la clave consiste en distribuir la alimentación en numerosas pequeñas comidas, con alimentos de bajo contenido calórico, que se administran cada tres horas a lo largo del día y el cuerpo interpretará que nada en la opulencia alimentaria y por tanto no tiene necesidad alguna de acumular grasa.  

La relación entre glucosa y grasa, o entre las hormonas insulina y glucagón
Las hormonas son mensajeros químicos que regulan numerosas actividades orgánicas. Varias hormonas están estrechamente relacionadas con la ingestión de alimento.
Por ejemplo, la insulina es secretada por el páncreas en respuesta a la llegada de azúcar, o glucosa, a la sangre. Se la denomina la hormona de la opulencia, puesto que su producción está ligada a la ingestión de alimento y principalmente a los carbohidratos. Sus dos funciones principales son actuar como vehículo transportador de la glucosa y otros nutrientes a las células musculares, además de activar la formación de glucógeno, en una acción de puro anabolismo, pero también lleva a cabo el cometido de lipogénesis, es decir que promueve la formación de grasa corporal.
Vamos a repasar someramente qué es la glucosa para mejor entender la función de la insulina.
La glucosa constituye el combustible principal de todas las células del cuerpo, en especial de las del cerebro y por tanto disponer de glucosa en todo momento es absolutamente vital. Aunque ante la necesidad el cuerpo dispone de mecanismos para obtener la glucosa de cualquier sustrato, como las proteínas y las grasas, su proveedor natural son los hidratos de carbono de la dieta. Y es que cualquier tipo de hidrato de carbono está químicamente formado por moléculas de glucosa dispuestas en distintos tipos de cadenas, más largas o cortas, como el almidón, la fécula, o los azúcares simples. Cuando consumimos hidratos de carbono en la dieta, es decir, legumbres, verduras, hortalizas, granos de todo tipo, cereales, panes, tubérculos y frutas, después de su digestión la glucosa se vierte en la sangre y esa llegada es lo que activa la producción de insulina.
Esta hormona se encarga de regular los niveles de glucosa en sangre, transportándola hasta las células musculares y el hígado. Si el cuerpo necesita combustible para la actividad física los músculos emplearán la glucosa como material energético, y si no la guardarán como reserva futura en forma de glucógeno. El resto es transportado por la insulina al hígado dónde se almacenará también como glucógeno. Pero si la presencia de glucosa es elevada, entonces después de haber satisfecho las necesidades de reaprovisionamiento de glucógeno el sobrante se convertirá en grasa subcutánea.
Por tanto, la insulina se libera ante los niveles de glucosa y puede formar adiposidad si éstos son excesivos o no se generan en el momento adecuado.
La hormona glucagón también la produce el páncreas y es antagónica de la insulina, porque se libera cuando los niveles de glucosa son muy bajos, precisamente para elevarlos. La misión del glucagón es formar glucosa a través de otras sustratos distintos de los carbohidratos, en concreto convierte parte de la grasa acumulada en nueva glucosa.
De acuerdo con la doctora Maggie Greenwood Robinson: “Cuando reduces el consumo de hidratos de carbono, se disminuye la presencia de glucosa y por tanto de insulina, activando entonces la liberación de la hormona glucagón, que actúa como una llave que desbloquea las células grasas para que sean usadas como combustible energético, lo cual promueve la eliminación de los depósitos de grasa subcutánea. Y eso puede lograrse durante 24 horas al día, simplemente reduciendo los niveles de glucosa en sangre”.
En otras palabras, el simple hecho de reducir la presencia de hidratos de carbono en la dieta producirá la situación química idónea para que el cuerpo vaya eliminando sus depósitos de grasa.      

Controlar los niveles de glucosa para reducir la adiposidad
De manera que como acabamos de ver si logramos reducir la presencia de glucosa en sangre se instalará el mecanismo hormonal propicio para la degradación de los depósitos de grasa corporal.
Y la pregunta obligada es ¿Cómo controlar la presencia de glucosa y de insulina? Simple, reduciendo la ingestión de alimentos que contienen carbohidratos. Como hemos visto unos párrafos antes, algunos alimentos, especialmente de origen vegetal, porque el único alimento animal que contiene carbohidratos es la leche y sus derivados, son ricos en carbohidratos, de manera que reduciendo su presencia en la dieta minimizaremos la producción de glucosa y a su vez la de insulina.
Por consiguiente, reducid, aunque no eliminéis por completo, los alimentos productores de carbohidratos como el pan, las patatas, las pastas, los pasteles y cualquier producto de bollería, el arroz, las frutas, etcétera. Limitaos a incorporar una pequeña cantidad de alimentos con un elevado contenido de fibra, como las ensaladas, las verduras, las hortalizas o las legumbres, pero repito, en cantidades moderadas.
En otras palabras, según esta información la dieta constituye el pilar esencial para conseguir reducir los niveles de glucosa.

El ejercicio como arma para reducir la glucosa y la grasa
No podríamos cerrar este artículo sobre la reducción de la grasa sin hablar de la importancia que tiene el ejercicio para conseguir ese objetivo.
Puesto que el tejido adiposo constituye una reserva de energía, si reducimos el aporte de combustible mediante una menor ingestión de hidratos de carbono y elevamos los requerimientos energéticos, lograremos el déficit necesario para activar la degradación del tejido graso.
He de dar por sentado que como lectores de esta publicación os entrenáis regularmente, pero posiblemente sólo os dedicáis al entrenamiento con pesas, lo cual es fantástico, porque es la única forma de hipertrofiar los músculos y por tanto de moldear el cuerpo a voluntad. Sabed que lograr la mayor hipertrofia de vuestra musculatura no sólo os proporcionará ese aspecto imponente que tanto anheláis, sino que cuanto más seáis capaces de desarrollarla, más fácil os será eliminar la grasa, porque está demostrado que el tejido muscular al ser metabólicamente activo quema calorías. En otras palabras, que el músculo quema grasa e impide su formación. Así que esa es otra razón más para que vuestra rutina esté enfocada a lograr la máxima hipertrofia muscular, empleando cargas sustanciales y ejercicios compuestos.
Pero dicho esto, es necesario subrayar que hay otro tipo de ejercicio más idóneo todavía para reducir los niveles de adiposidad: el aeróbico o cardiovascular.
Así es, está ampliamente demostrado que la actividad cardiovascular, como correr, nadar, caminar a alta velocidad, ir en bicicleta, subir escaleras, etcétera, activa el metabolismo y además de consumir calorías que se derivan directamente de los depósitos de grasa, promueve su eliminación posterior, por cuanto hace que al cuerpo siga quemándolas incluso después de haber acabado el episodio de actividad.
Por tanto, realizad al menos 30-40 minutos de actividad aeróbica, bien sea haciendo ejercicio al aire libre o en los aparatos cardiovasculares del gimnasio, al menos tres veces a la semana, o en función de la cantidad de grasa que deseéis perder una vez al día.
Llevad a cabo este tipo de ejercicio por la mañana antes de desayunar, o bien justo después de acabar la sesión de pesas.   

Un coadyuvante excepcional para regular los niveles de glucosa y activar la eliminación de la grasa
Llegados a este punto ya tenéis suficientes herramientas para poder controlar la formación del tejido adiposo y lo que es mejor poder reducirlo a voluntad.
No obstante, todavía tengo un as en la manga que constituye el golpe de gracia para que todo lo que hemos revisado funcione a la perfección y proporcione los resultados que estáis buscando. Se trata de un ergocéutico desarrollado por Future Concepts para activar distintos mecanismos por los cuales desde diferentes frentes se reduce la grasa corporal al tiempo que se ponen trabas para su nueva formación.
Como hemos visto, el hecho de reducir los niveles de glucosa y la consiguiente producción de insulina, nos lleva a la reducción de los depósitos de tejido graso, pues bien de entre los 12 ingredientes que configuran el TH 101 varios actúan precisamente en este mismo sentido.
Por ejemplo, para empezar se incluye un mineral esencial en el metabolismo de la glucosa y la insulina, el cromo en forma de picolinato.
Descubierto por el doctor Gary Evans, profesor de química en la Universidad Bemidji del Estado de Minesota, EEUU, se trata del mineral traza unido al ácido picolinico, un quelador natural que el cuerpo utiliza para transportar nutrientes al interior de las células. Este científico descubrió que este mineral es esencial para el buen funcionamiento de la insulina y básicamente hace que la glucosa se deposite en los músculos como glucógeno en lugar de que acabe como grasa corporal (Evans, G. W. The effect of chromium picolinate on insulin controlled parameters in humans. Intl Jour Biosocial Med Res. 11:163-180.1989).
Existen numerosos estudios que evidencian claramente que el cromo picolinato mejora la función de la insulina, haciendo que su contenido se deposite en los músculos y no en las células grasas, contribuyendo así a reducir la grasa y a mejorar la masa muscular.
La doctora Deborah Hasten, fisióloga del ejercicio de la universidad estatal de Luisiana, EEUU, demostró después de un estudio doble ciego de 12 semanas que la administración de cromo picolinato mejoró la masa muscular y redujo la grasa en todos los sujetos que lo recibieron, a diferencia del grupo de control.
Otro ingrediente del TH 101 que actúa controlando la glucosa, pero por otro mecanismo, es el ácido hidroxicítrico. Derivado del fruto de la planta garcinia cambogia, este ácido parece mejorar el ritmo metabólico, lo cual hace que se quemen más calorías y también regula el apetito, pero su acción más destacada es la inhibición de la enzima citrato liasa que interviene en la transformación de los bloques de glucosa en ácidos grasos, o sea en grasa. Al inhibir esta acción el ácido en cuestión, se impide que los sobrantes de glucosa puedan acabar como grasa subcutánea.
Otro ingrediente sensacional para controlar los niveles de glucosa y de insulina es la ginmena silvestre, una planta proveniente del golfo índico de la cual una de sus sustancias activas, el ácido gimnico, posee una estructura química muy similar a la glucosa, tanto es así que puede ocupar los receptores de ésta, logrando dos efectos interesantes, por un lado anula temporalmente el sabor del azúcar y por otro regula a la baja los niveles de insulina, algo esencial como hemos tenido ocasión de ver para reducir la adiposidad.
Pero estos sólo son tres ingredientes de los 12 que componen esta maravillosa fórmula. Además de regular los niveles de glucosa y de insulina, el TH 101 promueve la reducción de la grasa activando otros mecanismos, como son la lipólisis, la termogénesis y la liberación de ciertas hormonas devoradoras de grasa.
Sin ir más lejos incluye varias sustancias que se destacan precisamente por activar la termogénesis y la lipólisis, efectos que se vuelven de mayor calado al combinarse entre sí, puesto que las unas potencias a las otras. Dentro de este marco cabe subrayar la guarana como fuente de cafeína, el citrus aurantium como donante de sinefrina, o la naringina que se extrae de un tipo de pomelo tropical. Estos tres compuestos activan el proceso de generación de calor corporal y de combustión de las grasas como combustible energético, puesto que activan la producción de un tipo de hormonas llamado catecolaminas, hablamos de la adrenalina y noradrenalina, que son las que descomponen el tejido adiposo para producir energía rápida.
Existen otras hormonas cuya acción es muy importante cuando se pretende fundir la grasa, como son las tiroides. Por eso en el TH 101 se incluyen tres ingredientes que constituyen la materia prima de la que el cuerpo produce estas hormonas y que son necesarias para el buen funcionamiento de la glándula tiroides y del metabolismo. Se trata del mineral yodo, del aminoácido L-tirosina y del cobre quelado.
Con la presencia de esos tres elementos la glándula tiroides no carece de ninguna de las sustancias que le son imprescindibles para su buen funcionamiento y la producción hormonal.
Otro compuesto de extrema relevancia en este contexto es la forkolina, una sustancia vegetal sobre la que se han efectuado numerosos estudios y que en ellos ha puesto de manifiesto que activa eficazmente la eliminación de la grasa, pero va más allá porque también ha evidenciado que potencia la adquisición de masa magra. En otras palabras, que con su uso se pierde grasa y se gana músculo. Dicho así parece una aseveración exagerada y hasta poco probable, pero si profundizamos en los resultados científicos descubriremos que la forskolina ejerce dos acciones muy concretas e interesantes, porque por un lado activa una coenzima celular considerada como un segundo mensajero (AMPc), con lo cual activa a nivel celular la combustión de los ácidos grasos y acelera la síntesis de proteína, mientras que por otro lado es capaz de desunir la testosterona que produce el cuerpo de una proteína sanguínea que suele adherírsele cuando ésta es transportada en la sangre y la vuelve inerte. Por tanto, al hacerlo resulta que aumenta la circulación de la testosterona en forma libre, que es la que ejerce las acciones anabólicas, y por consiguiente la administración de forskolina ayuda a que vuestra propia producción hormonal posea mayor actividad anabólica.
Pero esperad que aún hay más.
Para acabar de proporcionar un mejor aspecto corporal, el TH 101 incluye otra planta, en este caso de efectos diuréticos, la llamada taraxacone officianalis que ayuda a drenar el agua retenida bajo la piel para proporcionar un aspecto más seco, definido y duro de los músculos.
Como veis, con el ergocéutico TH 101 no sólo conseguís un control total de los niveles de glucosa y de insulina para evitar la formación de grasa, sino que aceleráis de forma importante su eliminación.            

Un cuerpo de músculos libres de grasa con la estrategia integral
Si deseáis como todos eliminar la adiposidad de vuestros cuerpos, para por fin lograr que los músculos se vean recortados, duros, definidos y mucho más impresionantes, no olvidéis que controlando los niveles de glucosa podréis conseguirlo.
Los estudios así como miles de atletas lo confirman, la reducción del consumo de hidratos de carbono de la dieta reduce la grasa subcutánea de forma proporcional, no obstante, no os limitéis a eso porque los resultados serán muy superiores y prolongados si abordáis el objetivo por distintas vías, como incrementando las cargas del entrenamiento con pesas, realizando ejercicio cardiovascular y por supuesto incorporando a vuestro régimen dietético el ergocéutico TH 101.
Si lo hacéis así, el éxito está absolutamente garantizado.